El pequeño gran detalle

Como sabemos, cada compra que se realiza para el hotel supone un gasto, pero también se deben considerar una inversión. A la hora de marcar la diferencia y querer vender la habitación perfecta, entran en juego los amenities como papel muy importante de la estancia del cliente. Éstos son un gran quebradero de cabeza, es difícil saber la cantidad exacta, sin quedarnos cortos a los ojos del huésped ni tampoco “derrochar”, de ahí que surjan varias dudas, ¿Cuántos complementos de baño?, ¿todos deben ir multiplicados por el número de personas que pueden dormir en esa habitación o dividimos en público femenino y masculino?, ¿qué detalles llaman más la atención?, ¿dónde situarlos y sobre todo cómo?, ¿algún soporte necesario para su colocación? Además, la importancia de adquirir obsequios estándar, es decir, de marca blanca, o diseñar un estilo propio tanto siendo alojamiento de cadena como independiente.

Todo esto podemos simplificarlo en un mismo objetivo: primera sensación del cliente positiva. A partir de ahí, los detalles deben transmitir identidad del hotel y aportar valor a la habitación, justificando el precio que hayan pagado por su estancia y poder establecer una relación visual que haga que el cliente siempre recuerde el diseño. Invertir en amenities tiene que suponer mayor confort para nuestra clientela y una mayor satisfacción que repercuta positivamente en la relación calidad precio. Siempre sin descuidar el resto de aspectos que incumben a que la estancia sea agradable.

Desde Revenue decimos SI a los amenities y si a la personalización como fuente principal de fidelización y mejora de nuestra reputación.

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